martes, 6 de enero de 2009

En Barcelona

Solo, en la playa.

Me he dado cuenta de que la ciudad impone unos ritmos antinaturales y desquiciantes, haces miles de planes que no puedes cumplir y aparece la frustración y el estrés.

Echo de menos el ritmo sosegado del campo, de la naturaleza pura, que nunca tiene prisa.

Al hombre, como al fuego, hay que alimentarlo mucho al principio, y sin embargo después arde solo en su plena potencia, y aunque se apague, las brasas quedan por mucho tiempo encendidas. Las siguientes veces es mucho más sencillo que se encienda y forme luminosa llama.

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